Invertir a largo plazo: por qué el tiempo es más importante que el momento
Una de las preguntas que más paraliza a quien empieza a invertir es: «¿es un buen momento para entrar ahora, o espero a que baje el mercado?». Es una pregunta comprensible, pero también una de las que más dinero hace perder a los inversores particulares a lo largo de los años, precisamente por intentar responderla.
En este artículo vamos a ver por qué, en la inversión a largo plazo, el tiempo que pasas invertido suele pesar mucho más que el momento exacto en el que entras al mercado.
Aviso: este artículo tiene fines educativos y no constituye asesoramiento financiero personalizado. La rentabilidad pasada de los mercados no garantiza rentabilidades futuras.
Por qué es tan difícil acertar el «momento perfecto»
Acertar sistemáticamente cuándo va a subir o bajar el mercado (lo que se conoce como market timing) exigiría predecir correctamente, una y otra vez, decisiones de millones de inversores, noticias económicas, decisiones de bancos centrales y factores geopolíticos, entre otras muchas variables. Incluso los gestores profesionales, con equipos de análisis dedicados a tiempo completo, tienen enormes dificultades para acertar este tipo de predicciones de forma consistente a lo largo de los años, como muestran numerosos estudios sobre el rendimiento de la gestión activa frente a sus índices de referencia.
El coste real de esperar «al mejor momento»
El problema de esperar al mejor momento no es solo que sea difícil de acertar, sino que el coste de esperar suele ser mayor que el riesgo de entrar en mal momento. Los mercados de renta variable, a pesar de sus caídas periódicas, han tendido históricamente a subir a largo plazo. Quien se queda esperando «la corrección» para entrar corre el riesgo de quedarse fuera de subidas importantes mientras espera, y de que esa corrección tan esperada no llegue en el plazo que había previsto, o llegue después de una subida considerable que ya se ha perdido.
Un ejemplo ilustrativo: los mejores días del mercado
Un fenómeno muy estudiado en los mercados financieros es cómo se concentra buena parte de la rentabilidad total de un índice en un número relativamente pequeño de sesiones. Si un inversor se hubiera perdido, por estar fuera del mercado intentando acertar el momento, solo los 10 o 20 mejores días de un periodo de varias décadas, su rentabilidad final habría sido sustancialmente inferior a la de haber permanecido invertido de forma continua durante todo ese periodo. Y lo llamativo de este fenómeno es que muchos de esos mejores días históricos han ocurrido muy cerca en el tiempo de las peores caídas, precisamente cuando más tentador resulta salir del mercado por miedo.
Esto ilustra un principio central de la inversión a largo plazo: intentar evitar las caídas saliendo y entrando del mercado suele llevar, en la práctica, a perderse también gran parte de las subidas, porque ambas tienden a concentrarse en periodos de tiempo cercanos y son extremadamente difíciles de anticipar.
Dollar cost averaging: una forma de quitarle protagonismo al «momento»
Una estrategia habitual para reducir la ansiedad de «elegir el momento perfecto» es el dollar cost averaging (también conocido como promediar el coste), que consiste en invertir una cantidad fija de forma periódica (por ejemplo, cada mes), independientemente de si el mercado sube o baja ese día concreto. Con el tiempo, esta estrategia hace que compres más participaciones cuando los precios están bajos y menos cuando están altos, promediando el precio de compra sin necesidad de intentar adivinar en qué momento invertir una cantidad grande de golpe.
¿Y si tengo una cantidad grande para invertir de golpe?
Aquí surge otra duda habitual: si recibes una cantidad importante de dinero (una herencia, la venta de un inmueble), ¿es mejor invertirla toda de golpe o repartirla en aportaciones periódicas durante varios meses? Diversos estudios sobre este dilema muestran que, en términos puramente estadísticos y a largo plazo, invertir de golpe suele superar en rentabilidad esperada a repartir la inversión en el tiempo, precisamente porque el dinero pasa más tiempo invertido y expuesto al crecimiento del mercado. Sin embargo, repartir la inversión en varios meses puede tener sentido desde el punto de vista psicológico, para reducir el malestar de ver caer una inversión grande justo después de haberla hecho de golpe, aunque estadísticamente no sea la opción con mayor rentabilidad esperada.
El verdadero riesgo no es el «mal momento», es abandonar la estrategia
El mayor riesgo para un inversor a largo plazo no suele ser entrar en un mal momento puntual, sino abandonar la estrategia en mitad del camino, vendiendo presa del pánico durante una caída fuerte y no volviendo a entrar hasta que el mercado ya se ha recuperado buena parte de esa caída (justo el patrón contrario al que convendría seguir). Este comportamiento, bastante documentado en estudios de comportamiento financiero, suele explicar buena parte de la diferencia entre la rentabilidad teórica de un fondo o índice y la rentabilidad real que obtienen muchos inversores particulares que lo utilizan.
Cómo aplicar esta idea en la práctica
- Si tienes un horizonte largo (10 años o más), no dejes que la incertidumbre sobre el «momento perfecto» te paralice indefinidamente a la hora de empezar.
- Considera automatizar tus aportaciones periódicas, para que la decisión de invertir no dependa de tu estado de ánimo o de las noticias de cada semana.
- Recuerda, especialmente durante las caídas de mercado, que el objetivo no es evitar toda caída, sino mantenerte invertido el tiempo suficiente para que la tendencia de largo plazo juegue a tu favor.
Conclusión
Intentar acertar el momento perfecto para invertir es, en la práctica, mucho más difícil (y más caro en términos de rentabilidad perdida) que simplemente empezar cuanto antes y mantenerse invertido durante el mayor tiempo posible. El verdadero enemigo del inversor a largo plazo no suele ser el mercado en sí, sino la tentación de entrar y salir intentando predecir sus movimientos a corto plazo, lo que históricamente ha perjudicado más que ayudado a la rentabilidad final de la mayoría de los inversores particulares.
En el próximo artículo de esta categoría veremos los errores más comunes que cometen los inversores indexados novatos, más allá del intento de acertar el momento de entrada.
